Saturday, June 7, 2014

Seguidamente la conversación se inicia cuando la compañía se fue.  Quedan platos y copas por levantar, organizar ideas al igual que el servicio. Mis perros entran y salen conmigo del jardín a la cocina, ávidos esperan que algo ruede de algún plato. No tengo prisa, la noche está fresca. Con todo organizado me tiro al lado del árbol de mango, una copa de Malbec, cuatro perros que pachorros se acuestan al lado de la poltrona.
Una linda velada, risas y charlas. Debates con analogías de conceptos, partiendo desde el mismo lugar sin encontrar comunión en el camino. Parámetros propios traducidos a nivel social son leídos como majadería, conviene poner limites o explicaciones al cariño para que el mismo no se convierta en algo a superar.
El sentir que nuestros hijos son perfectos, lo mejor que ha visto la tierra debe terminar en la puerta a la calle. Dos muy queridas amigas se atoraron al yo decirlo. El debate se armó con la imposibilidad de hacerlo sin menospreciar valores familiares, según opiniones profesionales (adoro títulos sacados de la galera para enfatizar una opinión cual verdad) el seno familiar, el hogar en sí tiene que ser el lugar de total aceptación.
Bullshit. Se le puede enseñar a un hijo que en casa ellos ya ganaron todos los galardones por ser base importante de nuestras vidas, ahora bien, esos mismos conceptos aprendidos en casa tendrán que ser utilizados en albedrío total para ser ellos los que se ganen su lugar en el mundo, el amor de casa no es una carta de presentación al mundo , es la base que se les da para enfrentarlo.
Ser hijos es su título en casa, no en la vida. No creo en extremos, dejarlos que se estrellen para luego resignarse a los resultados, no admitiendo jamás que no les dio la gana de esforzarse más de la meta de los 18 años. El que firmó para esta vaina lo hizo de por vida, si se creían que a los 18 el tango terminaba están más perdidos que Adán en el día de las madres.
Luces sutiles brillan en la oscuridad de la noche, grillos que cantan, ramas que se mecen al compás de una suave brisa primaveral, el vino irriga mi garganta, la charla interna continua, es hora de dormir.

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