La sabiduría callejera. Compendio de historias tiradas al azar en los lugares menos esperados, vienen en diferentes tamaños, edades, más no por ello menos intensas. Una amiga se refiere a mi como ¨la mosca en la pared¨ analogía bien intencionada por la acción, asquerosa en mi gráfica cabeza por acordarme de Kafka, anyway.
Me gusta observar, soy de seguir manos, detallar movimientos, gestos, esto no me permite saber quien o como es la persona, pero indiscutiblemente me dará una idea de su estado en ese preciso momento.
No me da temor involucrarme por un instante en un universo ajeno. Responder el saludo a una anciana en la calle, bajar el paso si el saludo se convierte en charla casual, buscar en esos ojos la alegría del recuerdo ido, palmear el dorso de la mano a razón de despedida, agradecer la historia por humana.
He visitado unos cuantos jardines por mi vecindario, generosos consejos de jardinería, animales, hijos, políticos, filosóficos, diseño, si tengo el tiempo por qué no. Teniendo Nordstrom por escenario aprendí algo nuevo.
La fila estaba algo demorada, somos cuatro personas en línea, el hombre delante de mí no oculta su disgusto por los minutos invertidos en línea, de los frustrados gestos pasa a los comentarios, trata de buscar apoyo en la línea, me mira, al ver que mi respuesta corporal era tranquila se concentra en la adolescente rubia detrás mio, los años de la chiquilla iban más acorde a la rabieta que el hombre de cincuenta y largos estaba dando.
-No tienen consideración por el tiempo ajeno! - Hablaba mirando a la adolescente rubia.
- Tal vez tienes que estar aquí por algo que no entiendes, no te alteres.
No se que me gustó más, la respuesta de la casi criatura o la sangre subirle en ira al rostro del impaciente hombre.
-Seguramente no tienes cita para hacerte el cabello hoy, de lo contrario estarías tan molesta como yo - resoplaba de indignación - hay gente que trabaja sabías? la gente trabaja para poner dinero en las tarjetas de crédito de papi y mami que tu revientas.
Estaba lista para brincarle al tarado, no había razón de atacarla por no coincidir, la respuesta de la adolescente me paró en seco.
- Mi papá el 11 de septiembre del 2001 tenía la cita más importante de su carrera en la torre norte a las 9 de la mañana. Vivíamos en New Jersey, mi papá se olvidó ponerle gasolina al auto la noche anterior, le tomó más tiempo todo el proceso en la mañana del 11, aún así no perdió la sonrisa, me dejó en la escuela poco antes de las 8 no había manera que llegara a tiempo, yo estaba más que preocupada por que el llegaría tarde, su respuesta fue "Algún día sabremos por que tenía que llegar tarde a esa cita¨, hoy mi padre cumple 50 años.
Lucy Arciniega shared a link.
Extracto de mi novela, NATTHALY, publicada en Scribd. Espero la disfruten!
Lucy Arciniega.
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"Me quedé parada viendo hacia dentro de la entrada de ambulancias, enfermeras con azules uniformes corrían, médicos y paramédicos parecían hablar o gritar, el ruido del ducto del aire acondicionado y los gruesos cristales de la puerta no me permitían escuchar nada, Naty estaba ahí.
El guardia que estaba a mi lado puso las llaves de mi auto en mis manos
- Señora, por favor estacione en el estacionamiento de emergencias, vaya y regrese, tiene tiempo- le clavé la mirada, asentí y moví mi auto.
Entré a la sala de espera en emergencias, ésta estaba bastante ocupada, me acerqué al escritorio de llegada, firmé mi nombre a las 9:43pm, se me dijo que Naty estaba en observación, todavía no podía ser vista, pedí saber cuál era el estado de mi hija, la respuesta del guardia de la sala de urgencias era “siéntese”, pedí hablar con alguien explicando que mi hija había sido traída en ambulancia a consecuencia de un accidente de auto, con desgano el guardia alzó el teléfono, una rolliza enfermera salió a preguntarme básica información sobre el historial médico de Naty, alergias, el nombre del pediatra, la información del seguro. Una vez recaudada la información la respuesta de Verónica, la enfermera, fue “está en observación” rebatí argumentos sin éxito ninguno, volvía a lo mismo, tendría que esperar.
Salí buscando la zona de fumadores, el guardia de seguridad al que le tiré las llaves se me acercó.
- Aquí le traje agua- diciendo esto extendió un vaso, lo quedé mirando. Era un joven no mayor de 27 años, en su identificación leía su nombre, Ramón Magrez - ¿La puedo ayudar en algo?- la voz sonaba sincera.
-Gracias Ramón, ya has hecho suficiente con no remolcar el auto - le sonreí.
- ¿Necesita que llame a alguien? ¿Tal vez su esposo, sus padres?- la preocupación en su voz sonaba genuina.
- Mi esposo está con mi otra hija en la escena del accidente, ahora lo llamaré para contarle lo que se de Naty - le expliqué al gentil joven - me dice que ellos están bien, quisiera ir a verlos, pero por otro lado no quiero salir de acá por si hay noticias de Naty, no entiendo el porqué no dejaron el auto tirado - desvariaba en voz alta ante el gentil desconocido."
Lucy Arciniega.
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"Me quedé parada viendo hacia dentro de la entrada de ambulancias, enfermeras con azules uniformes corrían, médicos y paramédicos parecían hablar o gritar, el ruido del ducto del aire acondicionado y los gruesos cristales de la puerta no me permitían escuchar nada, Naty estaba ahí.
El guardia que estaba a mi lado puso las llaves de mi auto en mis manos
- Señora, por favor estacione en el estacionamiento de emergencias, vaya y regrese, tiene tiempo- le clavé la mirada, asentí y moví mi auto.
Entré a la sala de espera en emergencias, ésta estaba bastante ocupada, me acerqué al escritorio de llegada, firmé mi nombre a las 9:43pm, se me dijo que Naty estaba en observación, todavía no podía ser vista, pedí saber cuál era el estado de mi hija, la respuesta del guardia de la sala de urgencias era “siéntese”, pedí hablar con alguien explicando que mi hija había sido traída en ambulancia a consecuencia de un accidente de auto, con desgano el guardia alzó el teléfono, una rolliza enfermera salió a preguntarme básica información sobre el historial médico de Naty, alergias, el nombre del pediatra, la información del seguro. Una vez recaudada la información la respuesta de Verónica, la enfermera, fue “está en observación” rebatí argumentos sin éxito ninguno, volvía a lo mismo, tendría que esperar.
Salí buscando la zona de fumadores, el guardia de seguridad al que le tiré las llaves se me acercó.
- Aquí le traje agua- diciendo esto extendió un vaso, lo quedé mirando. Era un joven no mayor de 27 años, en su identificación leía su nombre, Ramón Magrez - ¿La puedo ayudar en algo?- la voz sonaba sincera.
-Gracias Ramón, ya has hecho suficiente con no remolcar el auto - le sonreí.
- ¿Necesita que llame a alguien? ¿Tal vez su esposo, sus padres?- la preocupación en su voz sonaba genuina.
- Mi esposo está con mi otra hija en la escena del accidente, ahora lo llamaré para contarle lo que se de Naty - le expliqué al gentil joven - me dice que ellos están bien, quisiera ir a verlos, pero por otro lado no quiero salir de acá por si hay noticias de Naty, no entiendo el porqué no dejaron el auto tirado - desvariaba en voz alta ante el gentil desconocido."
