Domingo a la mañana, poco menos de las 7 el sueño me abandona, las cortinas ondean el aire frío que entra por la ventana. La espalda de mi esposo sube y baja rítmicamente al compás de su respiración, subo el acolchado sobre sus hombros, me lanza un beso al aire preguntándome qué hora es " muy temprano" contesto, le planto un beso en la mejilla y me levanto. Mis cuatro perros me dan el encuentro en la cocina, les sirvo comida y agua , la "proyecto de perro " ( mi shitzu ) se queda conmigo en la cocina esperando algo mejor que croquetas de perro, le indico su plato lleno de comida, hace caso omiso, dos fetas de jamón hacen la magia , Mariano tiene razón la tengo re malcriada.
Mis bellos durmientes no abandonaran sus camas hasta después de las 10 de la mañana, me da tiempo para salir a tomarme un café, leer mi New York Times en la cafetería cerca de la playa, comprar pan fresco y fiambre para un desayuno dominguero.
Trato de tirar mis llaves dentro de mi cartera sin derramar mi café , tanteando agarro un carrito de supermercado, un hombre con camisa roja deportiva y bermudas caqui sale corriendo despavorido de la tienda, el gesto es indiscutible pánico, cruza la puerta de entrada, mira a un lado, al otro , respira con dificultad , gira en sus pasos , vuelve a entrar a la tienda tan galopante como salio. Estoy parada a pocos metros de la puerta de salida, no entiendo que sucede, un hombre con el uniforme de la tienda se para en la puerta poniendo los brazos en jarro, otro hombre se le une entrelazando los brazos, en pocos segundos habían siete hombres bloqueando una de las entradas . Lamenté mi idea de pan fresco ¿qué carajo estaba pasando? ¿hay un imbécil con un arma suelto en la tienda? mucha lógica pero los pies no se movían. Estoy parada al lado de las legumbres, mi cartera cuelga de mi hombro, estoy lista para salir corriendo por la puerta cuando veo a las cajeras hacer lo mismo que los siete hombres en la entrada, frente a las cajas registradoras, las 12 cajeras hacían espacio para que otras personas se sumaran a esa cadena humana. Toco por el hombro a un empleado que pasa a mi lado
- ¿Qué sucede?
- Hay un niño autista perdido en la tienda, el padre lo está buscando por los pasillos mientras nosotros creamos esta cadena humana para evitar que el niño salga de la tienda.
Seguía parada al lado de las legumbres, veía las cadenas humanas con ojos humedecidos, en pocos minutos todos se convirtieron en padres y madres de esa criatura, sin gritos, sin altavoces para no asustarlo, la tienda completa bajo el volumen para ayudar a encontrarlo, calidad humana en su mejor expresión. Alguien dio dos palmadas a razón de aviso que el niño había sido encontrado, una empleada le alcanzó al padre un carrito de supermercado especial para poner a niños de mediana edad, el sudoroso hombre agradeció el gesto mientras con manos temblorosas ajustaba el cinturón de su hijo al carrito. Todos volvieron a sus rutinas con una sonrisa en los labios.
Camino a casa repetía las imágenes una y otra vez en mi mente, el mundo no está tan podrido, hay bondad en cualquier esquina.
No comments:
Post a Comment