Tuesday, December 17, 2013

La sabiduría callejera. Compendio de historias tiradas al azar en los lugares menos esperados, vienen en diferentes tamaños, edades, más no por ello menos intensas. Una amiga se refiere a mi como ¨la mosca en la pared¨ analogía bien intencionada por la acción, asquerosa en mi gráfica cabeza por acordarme de Kafka, anyway.
Me gusta observar, soy de seguir manos, detallar movimientos, gestos, esto no me permite saber quien o como es la persona, pero indiscutiblemente me dará una idea de su estado en ese preciso momento.
No me da temor involucrarme por un instante en un universo ajeno. Responder el saludo a una anciana en la calle, bajar el paso si el saludo se convierte en charla casual, buscar en esos ojos la alegría del recuerdo ido, palmear el dorso de la mano a razón de despedida, agradecer la historia por humana.
He visitado unos cuantos jardines por mi vecindario, generosos consejos de jardinería, animales, hijos, políticos, filosóficos, diseño, si tengo el tiempo por qué no. Teniendo Nordstrom por escenario aprendí algo nuevo.
La fila estaba algo demorada, somos cuatro personas en línea, el hombre delante de mí no oculta su disgusto por los minutos invertidos en línea, de los frustrados gestos pasa a los comentarios, trata de buscar apoyo en la línea, me mira, al ver que mi respuesta corporal era tranquila se concentra en la adolescente rubia detrás mio, los años de la chiquilla iban más acorde a la rabieta que el hombre de cincuenta y largos estaba dando.
-No tienen consideración por el tiempo ajeno! - Hablaba mirando a la adolescente rubia.
- Tal vez tienes que estar aquí por algo que no entiendes, no te alteres.
No se que me gustó más, la respuesta de la casi criatura o la sangre subirle en ira al rostro del impaciente hombre.
-Seguramente no tienes cita para hacerte el cabello hoy, de lo contrario estarías tan molesta como yo - resoplaba de indignación - hay gente que trabaja sabías? la gente trabaja para poner dinero en las tarjetas de crédito de papi y mami que tu revientas.
Estaba lista para brincarle al tarado, no había razón de atacarla por no coincidir, la respuesta de la adolescente me paró en seco.
- Mi papá el 11 de septiembre del 2001 tenía la cita más importante de su carrera en la torre norte a las 9 de la mañana. Vivíamos en New Jersey, mi papá se olvidó ponerle gasolina al auto la noche anterior, le tomó más tiempo todo el proceso en la mañana del 11, aún así no perdió la sonrisa, me dejó en la escuela poco antes de las 8 no había manera que llegara a tiempo, yo estaba más que preocupada por que el llegaría tarde, su respuesta fue "Algún día sabremos por que tenía que llegar tarde a esa cita¨, hoy mi padre cumple 50 años.

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