Thursday, January 22, 2015

Una grata velada. Tomando café en la mitad de un carnaval, físico y emocional. La música inunda el ambiente desde varios puntos. Es difícil no mover los pies mientras Mark Anthony entona "vivir mi vida" anyway en que estábamos? 
Lo que se perdió se perdió, a mover el alma junto al cuerpo, es la mejor manera que no te roben la paz. Adoro a mi familia, la que creé con mi esposo, pero no soy familiar a extensión, ahí el detalle rapante diferencial. Por repetición de lección se me hizo instinto y luego convicción separar paz de sangre. Si joden se van, no hay medias tintas. Ya perdí demasiado tiempo tratando de entender gente que no quería enterarse de quien eran. No por eso no deja de ser chocante la facilidad con la cual desecho vínculos por paz, lo veo, lo entiendo por las reacciones faciales, quien lo lee o escucha tiene un tema que no le interesa para debatir, yo tengo paz con los pocos que me quieren y quiero.
Sólo la gente que te importa merece una explicación u otro chance, de resto? ahí está el camino al mundo.
Debates de segundos chances, los mismos que se pisan por viejas heridas, que se razonan por el dolor sentido y la sociedad establecida, haciendo una asquerosa excusa de aguantar mierda ajena sólo por educación. No me molesta ser analfabeta social, vivo en paz.
Se siente el cariño mutuo, soy un caso de manicomio para ella y ella es para mí una leona increíblemente fuerte sin darse cuenta de su poder y belleza, el reírnos de nosotras mismas nos ayuda.
Temprano se acaba la velada, en menos de dos horas alumbrará el sol otra vez. Un abrazo y un chascarrillo de despedida, la promesa de vernos antes que su nieta menor se gradúe de secundaria y que la próxima vez lea bien mi mapa antes de estacionarme. Adultamente le saqué la lengua ante el comentario, tiene razón, me estacioné en casa del carajo. Levantando la mano en señal de "adiós" nos separamos en la mitad de la plaza.
Cierro el suéter sobre mi cuello mientras mis botas taconean el empedrado bulevar. Son casi las tres y media de la mañana, teníamos una pequeña enciclopedia emocional por debatir, sonrío recapitulando sus gestos ante mis comentarios, deberíamos invertir en la bolsa en acciones de Starbucks, Ja!
Doblo del bulevar al callejón que colinda con el edificio de estacionamiento. La escena es digna de una película de terror, contenedores verdes de basura contra la pared, no hay un desgraciado auto sobre la izquierda, la angosta acera por la que transito y el alto y poco iluminado edificio de estacionamiento. Erguí la espalda, en momentos como estos no me molesta ser bastante alta. He caminado casi una cuadra por el callejón de mierda cuando veo dos autos con música a todo lo que da con las puertas abiertas. Un grupo de lo que puedo ver son seis hombres en sus altos veintes o iniciales treintas. La música va al este y ellos al oeste por la borrachera. Ya me vieron. Si me tiro a correr hacia el bulevar ni a patadas llegaría antes que ellos. A uno la genética le regaló gran parecido a un chivo, la falta de higiene bucal le tumbó dientes frontales, me invita un trago de la botella que sostiene en la mano mientras mueve las caderas a razón de invitación a bailar.Son dos autos, uno marrón, el otro gris. Los ocupantes están fuera bailando su etílica danza mientras gritan sandeces a la pelotuda que se le ocurrió estacionar justo ahí, en la esquina del primer piso, a escasos 10 metros de ellos, junto a las escaleras de emergencia. Observo que la garita está vacía y la barrera levantada.
- No gracias, ya tomé bastante por hoy - contesté, mientras aceleraba el paso, los nervios me hicieron sentir la distancia extremedamente larga y tortuosa.
-Come on nena! No seas aburrida, te estoy invitando a mi fiesta!
-Si sigues jodiendo también puedo invitar a la policía para que les bailes el rock de la carcel! - levanté mi celular mostrando el número de emergencias llamando. No tenía señal, fingí dar un reporte al oficial que jamás contestó.
Los gritos y carcajadas entre ellos puso rapidez en mis botas, acorté el espacio. Con el control remoto abrí la puerta del auto brincando en él rápidamente, cerrando las puertas.
El auto marrón chilla las ruedas mientras se estaciona al lado derecho mío, el auto gris hace su aparición por mi retrovisor, cara de chivo al volante. Bajé un poco el cristal del pasajero.
-Dile al pelotudo que salga de ahí o le voy a reventar el auto al medio.
-Dale nena, es sólo un trago.
Adelanté el auto un poco, la adrenalina no me dejaba sentir, o tal vez era todo lo contrario. Chillé las ruedas estacionada, retrocedí bruscamente a centímetros del auto gris, tiré el auto en marcha esta vez apuntando al auto marrón. Los ojos del hombre se cruzaron con los míos, no se que fue lo que el vio, lo que yo veía era un choque de medio lado y a la mierda todos.
Volví a sonar las ruedas, esta vez no me frenaría, el seguro pagará. Retrocedí, esta vez el auto gris adelantó saliendose de mi camino. En retroceso crucé la garita y barrera. Quien carajo me iba a decir que algún día me iba a servir el hecho de colear autos.
Al llegar a la avenida llamé a mi amiga, le conté lo que podía tolerar en voz alta, cariñosamente me acompañó en la línea hasta la puerta de mi casa.
Al abrazar la espalda de mi esposo dormido pude asumir que en los segundos en los que retrocedía tuve pánico que el cara de chivo sacara un arma.
-Nano, me abrazas?