Thursday, August 30, 2012

Pasadizos del recuerdo, historias propias que partieron un poco con ellos, los amores del ayer. En una charla de café enfoqué en voz alta mis amores de ayer, una sonrisa iluminó mis labios, el hecho que hayan sido parte de mi vida.
Olores disparan recuerdos, de mandarinas a whisky. Es una lástima que mientras estamos en esos pequeños momentos no nos esforcemos un poco más en almacenar tantos lindos momentos, por lo general nos preocupamos más en sentir, todo bien, a la postre la imaginación llena los espacios en blanco.
Amor es amor, dure dos días o dos siglos, el tiempo es incapaz de medir la huella.
Tengo la suerte de no haber sufrido de amor platónico, alguna vez me enteré que inspiré algo similar y valientemente salí disparada por la puerta, detesto ver caras largas. Caminatas por el puente de los suspiros, despedir el año bailando "Rumba de San Martín", conciertos cómplices, intentos de enseñarme a cocinar, sonrisas, miradas, realidad, despedida. Las despedidas elegí minimizarlas en mis recuerdos, la mayoría son amigos hasta el día de hoy.

Tuesday, August 21, 2012

Cuestionarse donde uno está en la vida va más allá de un punto geográfico. Sentada en esta hermosa piedra veo caer el agua estrellándose, se convierte en rocío, gotas , vapor, crea pequeñas ondas sobre la verde superficie. Hoy tengo tiempo de observar ésta rutina, hoy tengo ganas de analizar lo que cargo hasta convertirlo en rocío.
Sobrevivir abuso es una batalla personal que desgraciadamente se tiene que combatir abiertamente, para no lastimar componentes nuevos. Poner límites donde siempre hubo culpa no es una tarea fácil, separar diplomaticamente o no a personas dañinas, reconocer las heridas, ubicar los agresores, entender qué la revancha mejor es la vida misma, el olvido social es el mejor cementerio.
Muchas veces  he encontrado que mi memoria ha sido llamada injusticia, varias veces me han pedido que recurra a Dios para que me ayude a limpiar mi alma de rencor, he recibido tantas fórmulas, la mayoría de gente que necesita que me dé amnesia.
Mi fórmula es sencilla, no es rencor, es sentido común: Si la cercanía con cierta gente altera mis sentidos, esa gente tiene que salir. No me importa rango genético, edad, necesidad. Nadie saca de raíz algo placentero o rescatable.
El compartir mi historia me ha dado la oportunidad de abrir puertas y ayudar a mucha gente. Muchas veces el simple hecho de poder ser escuchado/a sin ser juzgado hace diferencia. Hay muchos adultos que hoy por hoy no entienden su lugar en el mundo, esos niños de ayer se escaparon en tristes recuerdos, sin posibilidad de rescatarse ellos solos. Frecuentemente les digo que ubiquen a ese niño, que le den el valor que se merece por haber llegado a éste día.
Somos muchos los que hemos visto tristezas en edades angelicales, eso no nos hace más fuertes, pero si más sensibles, esa sensibilidad puede explotar de un lado o de otro. Algunos encontraran el sentido de autoridad que les fue robado abusando a alguien más, si estás leyendo esto, en serio te lo digo ... ¿Qué carajo estás haciendo? si crees que lastimando a alguien más mitigarás tus miedos estás en un error y lo peor es que lo sabes. Si estás en la otra punta y la cabeza no levantas, te vez en una vida que no disfrutas y sientes que es lo que te tocó, quédate cerca, te puedo demostrar que no es así.

Saturday, August 18, 2012


La veo acostada en su habitación, ya no hay lagrimas en su rostro, se secaron, se acabaron, no le queda ni el consuelo de sentir su cara mojada en llanto. Sé que tendré que terminar de cruzar ese lumbral, dejarme ver, sé que tendré hacerle notar que estoy acá. Patricia voltea al sentir la puerta, le pido con un gesto en mis labios silencio. Imploro silencio, imploro cordura, no se como encarar a la madre de mi mejor amigo, no sé como mitigar mi dolor, no sé si seré fuerte cuando nuestras miradas se crucen. Ella llora su hijo, acaricia una y otra vez la foto de él sobre su pecho. Veo en el retrato la familiar cara, las lágrimas caen sin poder evitarlo, me quedo en trance, un carrusel de risas y vivencias cruza mi memoria, Juancito muerto, mi pana, mi amigo, mi cómplice.
Las cortinas cerradas dan el entorno adecuado a nuestros sentimientos, oscuros, raros, lúgubres. Me parece irónico que detrás de esas cortinas brille el sol, es injusto. Debería estar lloviendo con truenos y relámpagos, sería más fácil para poder enfrentarla, el ruido acallaría un poco el sollozo que clama por salir.
Ella sigue sin notar mi presencia, yo sigo esperando por el valor para dejarme ver, tal vez si retrocediera seria más fácil todo, pero sé que no lo haré, Juancito jamás me lo perdonaría. Huir no es la salida. Juancito, mi Popeye, ¿Por qué vale, por qué? . ¿Te estás burlando de todos nosotros? Mi memoria voló al último cumpleaños de Juancito.
- ¡Gordi yo he tenido una vida privilegiada! Buenos colegios, buena casa, buenos padres, buenas mujeres y el día que me muera me velaran en la funeraria Valles y me enterraran en el Cementerio del Este.
- ¡Zape gato! Ya no más trago para Juancito
- Gordi el día que yo me muera todos ustedes irán y tomaran chocolatito caliente en la funeraria, se los servirá un negrito con guantes blancos.
- Juan, ni te vas a morir, ni nadie tomaría nada después de las imbecilidades que estás diciendo.
Esa noche del diecisiete de enero del año noventa y uno me pegó mal las estupideces (según yo) que estaba diciendo mi amigo. Dejé que el licor se me subiera a la cabeza, terminé la noche peleando con Alejandro y abrazada a Juancito. Fue el último cumpleaños, no sé si él lo presentía, pero la funeraria Valles estaba esperando esa mañana que llevaran el cuerpo de mi amigo, el entierro seria al día siguiente en el Cementerio del Este. Esa mañana después de la llamada de Yaraví nada volvería a ser lo mismo.
- Dale Naty, si te levantas rápido nos vamos al parque.- Mi hermosa beba de cinco años se levantó veloz. Me voy a la cocina con Cesitar, un rollizo bebe de un año y medio, él va aplaudiendo por el trayecto a la cocina, a su corta edad entendía perfectamente la palabra “parque”.
Domingo a la mañana, once de agosto de mil novecientos noventa y uno. Qué ignorante estaba de lo que estaba por venir, jamás hubiera imaginado entre pancakes, sonrisas y besos que quedaría marcado en mi memoria como lava en mi piel. Ya con mis hijos desayunados estoy terminando de limpiar la cocina, la música suena a volumen alto, casi de milagro escucho el teléfono sonar.
- ¿Alo?
- ¿Lucy?
- Epa Yara, ya va para un pelín, tengo que bajar el volumen.- Sin más espera tiré el fono, bajé el volumen, invitaría a Yara al parque, total está cerca de su casa, al parecer se cayó de la cama. Yaraví despierta antes del mediodía un domingo, eso era un milagro.
Tomé el teléfono y le comenté mis planes, no sin antes burlarme del hecho que estuviera levantada tan temprano. Estaba de muy buen humor.
- ¿Yara estas ahí? Yo sé que salir al parque un domingo a la mañana casi nunca esta en tus planes pero...
- Mataron a Juancito, lo mataron. Tenemos rato tratando de ubicarte, creíamos que estabas en el apartamento de la playa.
Sólo me acuerdo hasta ahí. Empecé a golpear la puerta de la cocina con los puños, gritaba el nombre de mi amigo.La mujer que me ayudaba en casa y Naty llegaron asustadas.La mujer tomó el teléfono, Yaraví le dio los datos de la funeraria. El primer nombre que cruzó por mi cabeza fue Janet, la madre de Juancito. Corrí a mi cuarto, halé unas ropas y me metí en el baño, no paraba de llorar, no quería entender tan asquerosa realidad. Juancito muerto, Juancito asesinado. Grité su nombre hasta que se me acabaron las fuerzas.
Naty me mira, me doy cuenta que la niña me había seguido al baño, la abrazo muy fuerte y le digo que Juancito murió, que no iremos al parque, que mamá tiene que salir a buscar a Janet. La vuelvo a abrazar, me reconforta sentir su cuerpecito junto al mío, lloro otra vez al pensar en Janet.
Cuando salí fui directo al abasto a comprar cigarros, varias cajas recuerdo. Ya no lloraba pero mi gesto era indiscutiblemente triste, el portugués no me cobró los cigarros, me preguntó si me podía ayudar en algo, negué con la cabeza, agradecí y salí de ahí. 
Me senté a la orilla de la avenida Libertador, me fumé unos cuantos cigarros. Caminé hasta la funeraria Valles. El cartel de la entrada me reafirmo mi pesadilla Juan Briceño
17 de enero 1969- 11 de agosto 1991. Acaricié el cartel con un sin fin de emociones encontradas, mi Popeye, mi pana, ése desgraciado día había pasado a engrosar la ya muy alta lista de criminalidad caraqueña. Un hombre se me acercó y me dijo que el funeral no empezaría hasta la una de la tarde, balbucee un “gracias” y me fui.
Jorge abre la puerta del taxi, me reclama la tardanza, lo miro sin verlo. Los muchachos apiñados en la puerta del edificio me dicen que Janet me espera. Pregunto quién va a subir conmigo, todos se quedan callados. Me comentan que Janet salió gritando por toda la calle el nombre de su hijo, que los vecinos la contuvieron y la sedaron. Entiendo que nadie subirá conmigo, abrazo a Jorge, él me palmea el hombro, subí al apartamento de Janet. Cruzar la puerta del edificio fue terrible, saber que jamás me volvería a encontrar a Juancito sentado en el muro trajo un dolor muy fuerte, el ascensor me esperaba abierto, como invitando a llevarme junto a Janet.
- ¿Lucy?
- Hola Janet.
- Me lo mataron Gordi, me lo mataron.
- Ya lo sé mamá, Yaraví me lo dijo. Juancito debe estar muy asustado por verte así.
- ¿Tu crees?
- Seguro, él debe estar muy triste al verte así, no le estamos dando tiempo de recorrer el cielo.
- Tal vez busque un hipódromo o un estadio.- Emuló algo parecido a una sonrisa.
- Ojala este año ganen los Magallanes, él hará tremendo bonche en el cielo.
La abracé, lloramos entre sonrisas. La locura del momento me había llevado a decir estupideces, que Janet tomo con bondad. 
Juancito Briceño, marcaste huella en mi vida. El único ser humano que me permití llamar amigo. Con Ave Lucía lloramos una tarde abrazados frente al mar. En noches de parranda con la mirada bastaba para sentirnos seguros. Piñatas improvisadas, papelillos y risas en la sala de tu casa, complicidades, largas noches, despedidas, reencuentros, cachapas de madrugada, abrazos y besos que siempre dolerán al saber que tú no estás.
Un clavel tiré en tu tumba, para mí significó mi cariño, mi amistad, lo bello que me diste y las eternas gracias por haber sido parte de mi vida. Te quiero Popeye, gracias por haber existido, gracias por dejarme tantos recuerdos y sentimientos, que atesoraré mientras viva, gracias por hacerme esta despedida más fácil al saber que siempre que pudimos nos dijimos cuanto nos queríamos.
Nos volveremos a ver. Pero ese día pagas tú.

Monday, August 6, 2012

Llueve, las persianas están a medio cerrar, hay muebles apilados en el centro de la habitación. Un tarro de pintura en el rincón, anuncia que mi labor con las paredes no ha terminado, observo lo que me falta terminar, con un suspiro vuelvo la mirada a la computadora, una pared al día.
Hoy desperté con más ganas de derrumbar paredes en lugar de pintarlas. Cada quien canaliza, analiza, vive y si se quiere padece asuntos no terminados. Salir a buscar respuestas por instinto sólo me lastimó, la gente disfraza la verdad, acusa a quien no debe, se cuelgan medallas que nunca tuvieron, hacen de una verdad una historia, el asco viene cuando la historia eres tú.
Mi abuela materna a los pocos años de vida me tiró en la cara que yo tenía un apellido gracias a que ella había forzado a mi padre a hacerlo.  La hermana de mi madre, guiada más por celos y nunca apta para darse cara a cara con la hermana, ayudaba de frente y destrozaba por detrás, me hacía espectadora de historias que yo no podía entender, como por ejemplo el hecho que mi madre por terca y orgullosa tenía que cargar su culpa en brazos, con los años entendí que la culpa era yo. Una tía política de mi madre, esposa de el hermano de mi abuela, mujer dulce al trato, corrupta en alma y ventajosa como pocas, la moral de esta mujer siempre fue nula, sus carencias sólo las encontraba económicas, apoyaba barbaridades sólo si estas le devengaban dinero, envidiosa a rabiar de mi abuela, se tiraba delante de ella cual trapo de piso en halagos por favores económicos, para luego decirme que si mi abuela tenía dinero era por que se acostaba con los directores del periódico en el que trabajaba. Crecí con la idea que yo había creado algo terriblemente mal, no entendía en mi niñez qué mal yo creé para tener que ser tacho de basura de tanta escoria humana. La protección nunca existió. En la adolescencia salí a buscar respuestas, la confusión fue atómica, el dolor lo convertí en sonrisas, los rechazos en sarcasmos. Sin saber quien yo era, habiendo sido criada desde la culpa, acarreando dolores ajenos, siendo llamada algún título familiar, sin valor emocional, pero si con la doctrina de "a la familia no se la elige" seguí el circo llorando por dentro, en honor a la verdad ni me enteré que lloraba, esa la descubrí con los años. Un hombre encontró mi precio, otro dilapido mi alma, otro se sentó conmigo en una roca a charlar sin palabras. En mi adultez, también prematura, intenté reconstruir lo que según yo se había deteriorado, grave error, lo que no sirve a la primera no tiene capacidad de mejoría, es más fácil decirlo filosoficamente cuando se puede mostrar la cicatriz, no se entiende teóricamente, la práctica es dolorosamente necesaria.
Todos estos personajes en mi vida crearon una visión cristalina de lo que yo no quería ser, me dieron las herramientas que necesitaba para decidir lo que no quería.  Un día bajé los brazos, dejé de sentir culpa. Al principio fue bronca pura, ganas de querer destrozar a cada uno de esos personajes, ya era tarde, las tablas se habían volteado ,algunos verdugos envejecieron, necesitando calor y abrigo, los otros no merecen ni el tiempo en un email.
Humillarlos o reclamarlos es al pedo, no me sentiría bien mancillando a un viejo con ojos de ayer, así ante los míos siga siendo la misma mierda de siempre, con que ellos recuerden el porqué me conforma.

Thursday, August 2, 2012

La vida no tiene ninguna ganancia al repetirte la lección. Es más fácil llamarla injusta a reconocerse mal aprendiz si te vez con la misma disyuntiva varias veces.
 Lucy Arciniega.