Crecer, envejecer, por similares no tienen conexión alguna.
Los que decidimos ser padres tomamos nuestras ideas de lo que experimentamos mientras crecíamos y no nos agradó. Tratamos de hacer una gran diferencia en la nueva vida creada. Es cómico pensar que se trata de criar a alguien con los mismos valores, pero sin los ingredientes que te llevaron a ser. Rueda la vida. En el inicio tomamos el instinto como idea, la idea implementada es la correcta. Nadie la tiene más clara que uno, ser padre estaba escrito en las estrellas para el que se mete con el ansia de extenderse en alguien más. Con los días, literalmente días, se entiende que la mano es más complicada que en las revistas de maternidad, no hay un desgraciado botón de pausa, lo que llora en la cuna pide tu exclusiva atención, nace la primera idea de "sacrificio total". Nadie tiene en ése momento la capacidad de asumir que la decisión fue personal.
La infancia se llena con lo que se tuvo a nivel material. Muchos tratamos de mejorar la capacidad de alcance, en la temprana juventud está la necesidad de demostrar al mundo que uno puede más que otra gente, la misma que no te importa tres carajos, esa lección llegará (a algunos) con el tiempo.
En la primera década de los hijos uno se encuentra repitiendo frases extremadamente parecidas a la de los padres, susto total!
Cómo sucedió? Será que tan tarados no eran? Auxilio, necesito hablar con alguien!
Superado el impacto, justo cuando uno se va acostumbrando a la idea que no la teníamos tan clara, ni inventamos la rueda, se muda la adolescencia a nuestras casas, ugh!
Para ese momento por lo general se tiene asumido que nuestras maneras de crianzas no fueron tan inadecuadas. Se compara el presente con el ayer que veían nuestros padres, el ayer que uno vivía fuera de los ojos de padres y mayores, con esta última idea pasamos a ser victimas de pánico total al pensar que nuestros bebecitos pudieran ser igual de derrapados.
Algunos apuestan a lo que criaron. Otros encierran a los hijos evitando feos desenlaces. Ya sea de una u otra forma, una llave o una puerta no limitará la idea. Es hora de sonar como un desgraciado disco rallado, uno entiende en piel la desgraciada frase "Espera a que tengas un hijo", no se sabe si reír o llorar por la ironía, sabiendo como diantres empezó la idea.
Se supera la adolescencia con menos jugos biliares, las luces de las ideas se reflejan en el cabello en forma de canas, las arrugas de los gestos surcaron la piel.
Un día el espejo nos tira el reflejo de alguien en mediana edad, ese día, el día en que se analiza la imagen, se entiende que los días se convirtieron en décadas, que las historias de cunas y travesuras tienen sabor a siglo pasado (literalmente), se respira profundo.
Huh! Esto era la vida, crear sin olvidarse el paisaje. No quedan juguetes, no quedan muñecas, quedan risas en el recuerdo de los niños que siempre abrazaremos en el alma.
Es mi turno... "Cuando tengas un hijo me entenderás!"
No comments:
Post a Comment