La reacción a la acción puede tomar por sorpresa. Simplemente por la costumbre a la inercia. Cuando la amenaza sugerida por ajenos es tomada como propia se asume como embestida emocional, aparentemente es de mal gusto robar posturas emocionales, son mejor vistas si son sufridas o temidas.
La amenaza se convierte paulatinamente en idea. Se deja de sentir. Se razona. Se difumina la constante necesidad de actuar para evitar, se enfrenta con las mismas armas, eso es lo que lo sorprende.
Cuando la interrogante es respuesta, cuando la culpa a dañar a alguien que no tiene compasión en dañarte , el resultado será tan cruel como lo fue el agresor. A llorar al río.
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