El conocer un nombre no significa conocer a esa persona. El saber la dirección no implica conocer esa casa. Un saludo no es amistad. Silencio no es aceptar.
Una de las cosas que más me revientan el hígado es la simpatía por interés (creo que a todos) pero vamos, es realmente asqueroso sentir las densas grasas de la adulación rodar por la piel. Esta anciana se presenta desde un paisaje casi borrado, en honor a la verdad ni me acordaba que existía. Cuando ubiqué quien era como es común en mí me tiré para atrás a escucharla. Vecina de la infancia, tres hijos, uno más tarado que el otro por lo que recuerdo, una gran pelea con la hija a mis ocho años al yo criticarle como meta un esposo con dinero en lugar de una profesión. Una madre de la época de los 70' con todos los complejos de haber alcanzado el estatus de gente por lucir un anillo en el dedo, siendo dolorosamente dura con el salario del esposo, humillándolo "de broma" delante de la gente con lo poco que podía comprar. Esas señoras relevantes por estupidez, los engendros asumieron las formas de la madre. Se acercó adulando mis trabajos, gracias a Dios por el Pepto Bismol! Me contó las querellas de los hijos, historias de horror. No tenía nada positivo que decir, me quedé callada, ella se arropó de religión y biblia, sacudió la moral de mi madre como pieza interesante a su favor, así es como la gente se equivoca.
-Te lo voy a decir sólo una vez: Necesitas tirar la moral de alguien al piso para elevar la tuya. Necesitas inspirar lástima para lograr atención. Te escudas en una inexistente amistad para intentar un favor. Crees que ando buscando cariño cuando mi meta es que no me jodan. Asumes que necesito una madre cuando tengo una, que no es perfecta pero es la mía, si la tocas te reviento!
No me importa tu necesidad, realmente no, sigue tu camino!
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