Monday, November 10, 2014

Con el tiempo los lujos son más personales que sociales, se supera la expresión de admiración, se disfruta más el contacto con los mismos. Día lluvioso en la gran manzana, sentada en una vereda podría encontrar una joya abandonada en la pila de libros usados del vendedor callejero cerca del Battery Park, si no encuentro nada la vista desde este ángulo en el pavimento compensará mi desilusión. Un café al paso en el Versailles de la calle ocho, una colada para compartir con ancianos en el parque de dominó, un comentario al descuido abre la puerta a largas horas de recuerdos vocales, los mismos que voy imaginando al sonido de la historia. Patear calles en Savannah es una delicia, mientras más temprano mejor, lo describo como el momento antes de los turistas, pescadores, barredores, vacas en la mitad de plazoletas, autobuses amarillos, chiquillos saltando hojas secas, respiran por inercia uno de los más peculiares aires, todavía no lo saben. Saborear el mar es fácil en cualquier esquina de Pampatar, los caldos de pescados están tan al alcance como una buena cerveza fría, el horario es mental en este hermoso pueblo de pescadores, profundas arrugas perforadas por el mar Caribe decoran las comisuras de una historia en el portal de una taguara. Bonita Springs, silencio, ruido de cascadas, olor a hierba fresca, suntuosas comidas, lujo. El malecón de Key West tiene un mágico sabor cuando cae el sol, el inicio de la noche abre maletas de artistas callejeros a razón de retirada, metódicamente guardan sus obras, ofreciendo ayuda en la tarea me ha abierto la puerta a leyendas locales e historias personales. Café y chocolate caliente con callejeros sin destino, densas charlas existenciales con alguien que persigue la muerte con un abrigo para el frío, tocar manos intencionalmente dispara un segundo de pánico y recuerdo, humanidad. Lima, mis lujos están en mercados como La Aurora, plagado de recuerdos infantiles, mi desvencijada escuela 1162, la plaza San Martín, parada cerca a la estatua recuerdo los autobuses circulando cerca de la panadería de mi infancia, hoy es un bulevar y a nadie le interesa la matiné del cine Metro. Lujos, los que valen la pena se visten en el alma.

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