Monday, May 12, 2014

Reconocer lo conquistado es una tarea fácil de contar, difícil de ver. Es cierto que la vida no es una línea recta, las curvas varias veces se convierten en círculos, los golpes en fracturas, el silencio llega a ser el grito del alma.
Mucho cambia, la moda, los gustos, las expresiones. Acomodamos los valores a las heridas convertidas en lecciones, cargando con lo que podemos, tirando lo que nos pesa, invirtiendo el tiempo en calidad. La cantidad pasa a ser un hermoso recuerdo juvenil, toda la ciudad algún día fue tu amigo, tu inocencia te libró de muchos insultos no percibidos por la adrenalina de tus pocos años, era perfectamente normal jurarse amistad y cariño a gente que no te valoraba, eso se llama vivir, eso se llama crecer.
Personalmente yo alcancé mi meta hace muchos años, por sencilla a mis nuevas vivencias no me tomé el tiempo de ubicarla antes. Hace muchos años mi esposo me dijo "sería muy feliz estando tirado en un cama con vos, viendo la tele, comiendo un sándwich". Era un hermoso chiquillo de 23 primaveras, con las ropas pegadas a la piel en el candente calor caribeño, despidiendo a la recién conocida muchacha en una estación de ferry. No había futuro en ése momento, no daban las coordenadas para estar juntos, sólo la idea de la felicidad.
Merienda con sándwich a media tarde, lluvia decorando los cristales, un buen programa en la tele, recostada en su pecho...Nano! Esto es la felicidad.

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