Friday, May 30, 2014

A medida que pasan los años se va descubriendo mejor dónde se está a nivel emocional, intelectual, afectivo. Se van cayendo los miedos a ciertas situaciones antes imposibles de afrontar como tontas, inocentes. El deseo y la moral se entienden como paralelos mezclados estúpidamente en la juventud, muchas veces guiados por las tan mentada frase ¨ y vivieron felices para siempre¨.
Las décadas acumuladas dan la pauta para tirarse atrás en un sillón y observar las juveniles maneras del hoy a resolver dolencias existenciales, las opiniones y/o consejos caen en contextos de un conocido ayer, los viejos no saben lo que están hablando.
En esa nube de comodidad absoluta, por haber caminado el camino, se da inicio a algo totalmente nuevo... envejecer, canas, arrugas y el temor de muchos a lucirlas.
Algunos pasan al entendimiento de los años con un frenético temor a mostrar el tiempo en la piel. Con casi 45 en los huesos personalmente me asusta más una minifalda a una arruga. Ya hubo tiempo de mostrar piernas en altos tacones, mostrando piel a la imaginación, ya está, ya estuvo.
Cada edad tiene su código, atrapar o intentar atrapar veranos ya idos con toneladas de maquillaje, ropa sugestiva en carnes vencidas por los años sólo acusa el mensaje de temor a la experiencia acumulada, nadie espera ver a nadie en sotana y largas faldas aformes, pero come on! tampoco jeans pegados con tres kilos de masas asomando la otrora cintura. Sobriedad y severidad es la lección después de los 40, la sensatez recaerá en el saber... no en el demostrar.

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